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El carnaval será popular, o no será carnaval

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santiago_garcia Las comparaciones suelen ser odiosas. Sin embargo, esta nota sobre los carnavales en Uruguay y Entre Ríos, permite discutir el lugar que ocupa y ocupó el carnaval en nuestra cultura popular. A su vez, cada año se renuevan los esfuerzos de las clases dominantes por volver estas fiestas paganas una cuestión de elite.

Por Santiago Joaquín García

En la primera edición impresa de la Revista Río Bravo, allá por 2004, Esteban Castaño titulaba su nota con la siguiente pregunta: "¿El carnaval popular se va al bombo?" Los cambios que se han producido en el litoral, con la creación de corsódromos, el consecuente abandono de las calles, y la disminución de la participación popular, muestran un panorama desalentador. Sin embargo, cruzando el charco hasta Montevideo, el carnaval urugayo nos enseña que todavía hay esperanzas de dar vuelta la tortilla.

Un poco de historia

Castaño nos enseña las huellas de un origen popular. Los romanos tuvieron sus carrus novalis (carros navales), en los que una muchedumbre festejaba la primavera, acompañando enormes barcos con ruedas, y entregándose a los placeres de alguna divinidad. El cristianismo en la Edad Media impuso el carnem tollere (quitar la carne), como una fiesta popular preparativa de La Cuaresma, y su consecuente abstinencia carnal. Traída por los españoles en la conquista imperial de América, la fiesta rápidamente adquirió características propias de la zona. Uno de los desarrollos más importantes que evidenció esa tradición, fue su adopción por parte de los esclavos negros. La Iglesia se horrorizó ante los excesos que se dieron por estas tierras, e intentó prohibirla mil veces, pero nada pudo detenerla. Parte de esa herencia prodigiosa son las llamadas del candombe uruguayo, que han obtenido reconocimiento oficial y son parte fundamental de la idiosincrasia oriental. La muerte de la mayoría de la población mulata argentina en la infame Guerra del Paraguay y a causa de la epidemia de Fiebre Amarilla, le puso un paréntesis a esas manifestaciones culturales de este lado de la orilla. Afortunadamente, algunos grupos de afrodescendientes que viven en nuestro país, en los últimos tiempos han intentado recuperar esa tradición con distinta suerte.

Lo comercial versus lo popular

El desfile inaugural del carnaval por la avenida 18 de julio en Montevideo (que ilustra esta nota), no se compara con todos los corsódromos de la provincia juntos. Esta opinión no se sustenta en lo comercial, sino en lo popular. Seguramente, aquí se gana más dinero, porque en Uruguay uno no puede alquilar mucho más que una silla o un balcón. Pero la participación de todo el pueblo en la calle no tiene precio. Y esa puede ser otra de las razones, además de las comerciales, por las cuales aquí se ha sacado el carnaval de la San Antonio o la 25 de mayo. Qué lío puede hacer todo el pueblo, si se junta en una sola calle.

La pinta es lo de menos

Otro asunto de mucha importancia es lo que se privilegia en los desfiles. Algunos carnavales entrerrianos se jactan de tener modelos pulposas de la televisión, pasistas con cuerpos esculturales, bailarines con abdominales de acero. La chance que tienen el ama de casa o el mecánico de la vuelta de ponerse las lentejuelas, se reduce muchísimo. Además, mientras que antes casi todos participaban en la confección y financiación de vestidos y carrozas, hoy todo se ha profesionalizado y especializado. Eso también aleja al pueblo del carnaval. Del otro lado de la orilla, la cosa es muy diferente. Los cuerpos perfectos son los menos, y lo que más se privilegia en Uruguay son las cualidades artísticas de las murgas, comparsas, etcétera.

Una anécdota final: los argumentos y la política

Como siempre se dice, las notas pueden ser excusas para el debate. En este caso, cerramos con parte del argumento que tendrá este año la murga uruguaya "La gran muñeca".

Vale decirlo, ensayó gratuitamente hace unos días ante cientos de personas en el Museo del Carnaval, ubicado en el Puerto de Montevideo.

La cosa giraba en torno al supuesto fin del mundo que se avecinaría en 2012, y la posibilidad de que éste sea el último carnaval. Entonces, para salir de pobres, los murgueros decidieron secuestrar a la primera dama uruguaya, Lucia Topolansky.

Una de las mujeres, realizó una parodia desopilante donde se tocó desde la vida sexual con Mujica, hasta irónicas críticas al gobierno del Frente Amplio. Si Cristina trató a Sábat de mafioso por una caricatura, mejor no pensar que haría en este caso.

Pero dejando de lado las poses truchi progresistas a las que nos tienen acostumbrados, la idea es poner en evidencia con este ejemplo la infinita riqueza que tiene el carnaval como fiesta popular. Lamentablemente, por estas tierras, salvo honrosas excepciones, es una batalla que estamos perdiendo.

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