Domingo 20 de May

Última actualización11:56:47 PM GMT

Usted está aquí Columnistas Columnista 2 Éxito y desamparo

Éxito y desamparo

E-mail Imprimir PDF
lozano_obispoPor monseñor Jorge Eduardo Lozano*
Sociedad, Iglesia y Familia (Parte II)

 Otra característica de la relación entre Sociedad, Iglesia y Familia es la exigencia de éxito rápido, de resultados a corto plazo. Me esfuerzo, me preocupo, invierto tiempo, estudio, reflexión y dinero, y en dos meses "tengo que ver resultados".

Se privilegia la suerte o el éxito rápido. Entonces, "me pre­paro y rapidito estoy entre los primeros lugares", en contraposición con lo que para otros ha significado un largo camino de preparación. Y si a un muchacho o una chica se le preguntara "¿qué camino preferís?", seguramente optaría por el que es más rápido y que logra resultados con menos esfuerzo.

Estos elementos que mencionamos —fragmentación, individualismo y éxito rápido— conspi­ran contra lo que es un proyecto de trabajo. Si nos dejamos llevar por el individualismo o el deseo de resultados rápidos difícilmente poda­mos encarar caminos en común.

Afrontar un proyecto implica dejar de lado el individualismo, vincu­larnos con otros, compartir, reflexionar, buscar, dejarnos corregir, dejarnos aportar para, a partir de una preocupación común, elaborar un camino paciente y pensado a mediano o largo plazo.

Podemos tener proyectos de corto plazo como, por ejemplo, salir de campamento o de vacaciones. Pero, en lo que hace a la vida en familia o a nuestra dedicación por los demás en la Iglesia, a nuestra vocación y a las búsquedas más importantes, los proyectos son justamente aquellos que nos ponen con la mirada en horizontes más lejanos.

La familia necesita estabilidad para que sus miembros puedan desarrollarse. Estabilidad en el trabajo, en el estudio, en los afectos, en la vivienda.

Y en la Iglesia nos pasa lo mismo: cuando nos invitan a trabajar o participar en algo queremos que nos digan hacia dónde vamos. Y nos sumamos al trabajo cuando entendemos que nuestro esfuerzo va a tener una orientación, un horizonte, un sentido.

El fuerte individualismo del que hablamos la semana pasada lleva a que cada uno viva pendiente sólo de sí mismo, desentendiéndose de los problemas de "los demás". Se llega a naturalizar la pobreza sin hacerse cargo de los hermanos que sufren. Se multiplican las situaciones de orfandad. Y la experiencia de orfandad está unida con la de desamparo.

La falta de amparo y cobijo expresa uno de los desafíos actuales. Desamparo desde un Estado que se "borra­", aleja de algunas problemáticas haciendo que las personas sientan no tener protección social. También la familia fragmentada por el individualismo, tampoco es capaz de cobijar; También hay situaciones que hacen que el desamparo sea "literal" (estar viviendo en la calle sin techo) o "sin protección" en un sentido figura­do (como viviendo en una casa pero sintiéndose sin cobijo).

Estamos inmersos dentro de este clima cultural y social.

Nosotros no estamos fuera de esta cultura. Ser cristianos, ser miembros de una ins­titución o estar trabajando pastoralmente, participar de la misa, rezar, ser laico, seminarista, sacerdote o religiosa no hace que tengamos una especie de escudo protector frente a estas situaciones. Nosotros experi­mentamos todo esto. Cuando describimos la situación cultu­ral no tenemos que pensar que nos ubicarnos fuera de ella, en otro lado. A nosotros nos suceden estas cosas también.

Cuando hablamos de evangelizar la cultura, no queremos decir: "Yo soy el Evangelio y allá está la cultura y yo voy a aportar desde afuera". Más bien tengo que reconocer que yo mismo soy Evangelio y cultura. Que el diálogo entre Evangelio y cultura se va a dar en mi propia vida. Y, en la medida en que yo me vaya dejando iluminar y convertir por esa presencia salva­dora del Señor, puedo también generar entre otros este diálogo de evan­gelización de la cultura.

No tenemos que ver esta dinámica de evangelización como si tuviéramos una especie de impermeable o que aterrizamos en la cultura con nuestro aporte pensando que el mundo nos está esperando. Quizás sólo se trate de "ser" con humildad testimonio del Evangelio. Vivir de acuerdo con nuestra propia identidad de hijos de Dios.

* Jorge E. Lozano es Obispo de Gualeguaychú y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Compartir   
Comentarios (0)
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios!

YouTube Symphony Orchestra 2011 Grand Finale

Compartir   

Placido Domingo & Virginia Tola - Mi Buenos Aires Querido

Compartir   
Banner

El Mirador 24

elmirador24@gmail.com

Henry  741 – 3260 - Concepción del Uruguay – ER – Argentina

Tel. 03442 – 423989 / 15 560 027 / 15 560 812

Diseño web by WDT