
Si recorremos imaginariamente el camino que deja atrás este presente, encontraremos a millones de mujeres que desde los lugares más diversos
Por Blanca Osuna*
Desde las posiciones más modestas a las más encumbradas, desde los desolados caminos de la patria hasta las populosas ciudades han contribuido a que podamos decir: nuestra condición en tanto mujeres ha mejorado.
Pero esta evolución no ha sido de trayecto regular. Ha tenido pequeños avances con muchos retrocesos. Tener presente este 8 de marzo toda la energía, las convicciones, la tenacidad puestas en juego en ese tránsito hasta el hoy, es parte de la pedagogía necesaria para no volver atrás.
Por supuesto que en ese historial surge distintiva la presencia femenina de nuestra Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Ella aún, sin proponérselo, viene a reivindicar la causa de las mujeres no sólo como Primera Mandataria elegida por el voto popular sino también como madre, esposa, estudiante universitaria, profesional y militante desde su juventud.
Y es de la mano de su gestión, precisamente, que se nos presentan las herramientas que abren nuevas perspectivas para que todas las mujeres argentinas podamos tener mejores condiciones de vida.
Están ahí, entre otras, la campaña para dar dignidad laboral a las empleadas de casas de familia, a fin de que puedan contar con aportes jubilatorios y obra social, entre otros beneficios. También la Asignación Universal por Hijo, para que los niños y jóvenes sean incluídos en el sistema escolar y de salud, dos sueños de toda madre, que desea ver a su hijo sano y en la escuela.
Además, las posibilidades de un empleo digno, muchas veces el primero en la vida de tantas mujeres, al cual acceder a través de la conformación de Cooperativas o del Plan Argentina Trabaja, que llevan esperanza a las jóvenes que ven posibilidades concretas de insertarse en el mercado laboral.
También el sentirse cuidada a partir de leyes imprescindibles y de avanzada como la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, que contempla la violencia de género en sus diversas formas, física, sexual, simbólica, económica y patrimonial y psicológica, y reconoce la violencia familiar, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica y mediática.
Esta norma recientemente reglamentada define los principios y derechos que serán la base para el desarrollo de políticas públicas que tengan como fin eliminar todo tipo de violencia contra la mujer, que es una de las formas más perversas de discriminación.
Y con esto de ninguna forma se asegura que está todo hecho; por el contrario, en materia de violencia y discriminación el desafío mayor es de índole política y cultural, y queda mucho por hacer.
Pero a pesar de ello, afirmamos que poco a poco las mujeres tomamos nuestro lugar en la vida cotidiana, en las capitales y los pueblos del interior; en la militancia de participar de la cooperadora de la escuela; en la organización vecinal y en los clubes del barrio; en la asociación sin fines de lucro que ayuda a los vecinos; en la agrupación popular; en los sindicatos, en los diversos roles de la representación política.
Sin dudas las "Madres" y las "Abuelas", como cariñosamente las llamamos, son un ejemplo de mujeres valientes, que lograron sobreponerse a la opresión, la violencia, la injusticia, a dolores inexplicables. En las peores condiciones, en las mayores limitaciones, ellas mostraron un camino, una estrategia que fue no sólo moralmente intachable basada en resistir, denunciar, marchar, buscar, recordar con coraje y compromiso, desde el amor y reclamando tozudamente verdad y justicia.
Otra referencia ineludible en este tránsito es Eva Perón, que con su aguda inteligencia y comprometida sensibilidad marcó desde el peronismo un punto de inflexión en materia de derechos políticos y sociales. Ella nos dijo: "Con las mujeres debe suceder lo mismo que con los hombres, las familias y las naciones: mientras no son económicamente libres, nadie les asigna ningún derecho".
Seguramente iluminadas por esa afirmación de ayer, hoy contamos con la jubilación de las amas de casa, el acceso al trabajo registrado, la asignación para embarazadas, la universalidad de la vacuna contra el papiloma, la educación con becas y netbooks. Logros que se perfilan como plataformas desde donde reclamar otros derechos es casi una obligación.
Y todo esto realizado por nuestro gobierno, no en clave de "caridad", sino de acción política consciente, planificada y estratégica. Seguramente esa es una de sus mejores enseñanzas que nos deja esta etapa.
Mujeres reconocidas, mujeres "anónimas", todas ellas, motor de nuestra comunidad, que han extendido el horizonte trazado en nuestra rica historia por otras, que con su lucha fueron abriendo caminos. Ganando para todas y todos espacios, aportando al Proyecto Nacional, a las luchas populares y a la progresiva expansión de nuestros derechos, como compañeras, como pares, como sujetos activos de la vida social y política de la Argentina, de Latinoamérica -nuestra patria grande- y del mundo.
Ese protagonismo que todas las mujeres argentinas vamos teniendo cada día más, si bien es un valor a destacar, es al mismo tiempo una responsabilidad que nos obliga a dar contenido a nuestras consignas y a hacer sustentables nuestros proyectos.
Por eso, si bien decíamos que hemos avanzado, es oportuno ratificar que falta mucho por hacer, ya que no es posible "profundizar el modelo" sin el logro de la participación igualitaria y el acceso justo de la mitad de la población, a los derechos económicos, sociales y culturales universalmente reconocidos. Responsabilidad y lucha que orgullosa de nuestra condición de género y de nuestro compromiso con el modelo nacional, popular y democrático con inclusión social hemos asumido.(Télam).-
(*Blanca Osuna es senadora nacional por la provincia de Entre Ríos del Frente Para la Victoria)
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